A partir de los seis meses se puede ofrecer la mayoría de alimentos

La alimentación del bebé es una de las principales preocupaciones de los papás y una de las consultas más habituales en las consultas de pediatría, especialmente con la introducción de los sólidos.

Cada año salen a la luz decenas de estudios que intentan reafirmar que las pautas que seguimos son correctas o refutarlas.

La recomendación de la OMS para la introducción de la alimentación complementaria a los 6 meses está adaptada en muchos países, sin embargo, el debate sigue abierto. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria publicó recientemente una revisión exhaustiva sobre la edad apropiada para la introducción de la alimentación complementaria y concluyó que ésta es segura entre 4 y 6 meses. Otro estudio mostró que el hecho de retrasar a introducción de alimentación complementaria hasta los 6 meses minimiza los riesgos de sufrir sobrepeso de adulto.

La conclusión principal a la que se llegó fue que no había evidencia que demostrara que es mejor introducir ciertos alimentos antes que otros en un primer momento y que, a partir de los seis meses, se podía ofrecer prácticamente cualquier alimento. Además, existe un amplio consenso de que no hay necesidad de retrasar la introducción de alimentos hiperalérgicos, ya que el hacerlo podría incluso aumentar el riesgo de padecer una enfermedad alérgica. Un ejemplo: si se introduce el huevo, alimento potencialmente alérgico, a los seis meses de edad habrá un menor riesgo de que el niño sufra alergia a este alimento que si esperamos hasta los 12 meses.

Riesgo de alergias

Las alergias alimentarias en niños son bastante habituales. Si éste es propenso a padecer alguna alergia de este tipo o sus padres son alérgicos a algún alimento, el niño tendrá más riesgo de padecerla que el resto.

Los expertos recomiendan la introducción de alimentos de manera paulatina para asegurarse de que el bebé no sea alérgico a los alimentos. En el caso de que no haya alergias alimenticias en la familia ni en el niño, se recomienda dejar un espacio de tres días entre la introducción de un alimento y otro nuevo. Sin embargo, si el niño presenta alguna alergia, es preferible aumentar este espacio de tiempo a cinco días o una semana para asegurarse que no se produce ninguna reacción alérgica. Un consejo de los profesionales es que si hay la mínima sospecha de que el bebé pueda ser alérgico a un alimento, en lugar de ofrecérselo para comer, se le deje tocarlo o se le acerque a la zona de la boca para comprobar que no haya reacción alérgica.

 La asignatura pendiente de todos estos estudios es comprobar en qué medida el momento de introducir los alimentos y la composición de estos tiene efectos sobre el crecimiento, el desarrollo y especialmente el riesgo de enfermedades a largo plazo.

Más información: http://journals.lww.com/co-clinicalnutrition/Abstract/2010/05000/Science_base_of_complementary_feeding_practice_in.12.aspx

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