Cómo actuar ante una obstrucción mamaria

La lactancia maternal se basa en un mecanismo de oferta y demanda: cuanto más amamanta el bebé, más leche se produce. El pecho se encarga de calibrar la producción de ésta según las exigencias del bebé en cada momento. Sin embargo, en ocasiones los senos no drenan adecuadamente y, como consecuencia, la leche se atasca.

¿Qué es una obstrucción mamaria?

Se trata de una obstrucción de un conducto galactóforo o mamario (es uno de los numerosos conductos que transportan leche desde los lóbulos mamarios al pezón) y pueden producirse por varios motivos. Uno de ellos, es por un mal drenaje producido por un bloqueo o por una presión excesiva sobre el pecho producida, por ejemplo, los aros de algunos sujetadores o por la postura adoptada a la hora de dormir. La obstrucción mamaria puede aparece también si se da más de un pecho que de otro, o en aquellos períodos en los que se está intentando alargar el tiempo entre tomas o realizando el destete. En estos dos últimos casos, el pecho produce más leche de la que el bebé precisa en ese momento y puede llegar a atascarse.

Otro tipo de  obstrucciones son las conocidas como obstrucciones de repetición o recurrentes. Estas están causadas por una infección en la glándula mamaria: son alteraciones de bacterias que al proliferar se adhieren a las paredes de los conductos y terminan taponándolos.

¿Cómo identificar una obstrucción mamaria?

Los síntomas de un pecho con una obstrucción son: hinchazón en una zona determinada de éste –generalmente en la parte superior y más próxima a la axila-, aparición de un bulto duro que no desaparece a pesar de amantar al bebé, rojez en dicha zona y puede acompañarse de febrícula y cierto dolor o malestar. Esto puede dificultar también el agarre y la succión del bebé.

En ocasiones también puede aparecer una perla de leche o punto blanco, que es una obstrucción de la salida de una glándula mamaria cuyo origen ser traumático o por una alteración microbiana del pecho.  Suele desaparecer al cabo de una semana.

¿Cómo actuar ante una obstrucción mamaria?

Los expertos recomiendan dar el pecho con asiduidad para drenarlo, especialmente la mama que presenta dicha obstrucción. Si el bebé tiene dificultades para cogerlo, se puede sacar una pequeña cantidad leche antes de la toma ya sea con un sacaleches o manualmente. La excesiva estimulación podría producir más leche y agravar el problema.

La aplicación de compresas húmedas y masajear suavemente la zona puede aliviar el dolor. Se recomienda no aplicar calor debido a que, según nuevos estudios, esta práctica puede conllevar un aumento de las bacterias. Adoptar una postura en la que el bebé ejerza cierta presión sobre el bulto producido por la obstrucción puede también ayudar a vaciar el conducto. Esta dolencia suele durar dos o tres días máximo, si pasado este tiempo no desaparece es importante acudir a un profesional, ya sea el médico o una asesora de lactancia para evitar que desencadene en una mastitis.

¿Qué es la mastitis?

Si pasadas las 48-72 horas, la obstrucción no ha desaparecido, aparece fiebre (38,5 C o más temperatura), ciertas marcas rojas  y un dolor intenso hablamos de una mastitis. Se trata de una infección de origen bacteriana. Como comentamos en anteriores posts, la leche materna tiene más de 700 tipos de bacterias que ayudan el sistema inmune del bebé. En ocasiones algunos tipos de bacterias crecen de manera excesiva y terminan con otras cepas.

Para tratar la mastitis es importante contactar inmediatamente con el médico para eliminar dicha infección –mediante un tratamiento antibiótico compatible con la lactancia y probióticos-. A pesar de la  infección, la leche que el bebé recibe es buena y no supone ningún riesgo para él. Como sucede en el caso de la obstrucción mamaria, si se sufre una mastitis es importantísimo seguir drenando los pechos –especialmente aquel afectado- ya que el exceso de lecho puede agravar la situación.

¿Qué es el absceso mamario?

El absceso mamario tiene su origen en una infección producida por una grieta y puede producirse por una mala postura del lactante o por una infección mal tratada (mastitis). En contados casos, el tejido mamario intenta aislar las bacterias que están causando la mastitis y el resultado es la formación de abscesos. Los síntomas son parecidos a los de la mastitis, presentando más dureza en la zona afectada  y rojez. Se recomienda acudir a un profesional para tratar esta dolencia.

* Foto de Bru-nO (www.pixabay.com)

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