Cómo nos dirigimos a los hijos, les marcará de por vida

La manera en la que nos relacionamos con los hijos, marcará su manera de ser para siempre.

Por ello, es importante dirigirnos a ellos siempre desde el respecto y procurarles todo el afecto que necesitan.

Los adultos y, especialmente, los padres son el espejo en el que se miran los más pequeños de la casa. Si hablamos mal a un niño, le mentimos o, incluso, despreciamos, luego difícilmente podremos exigirle que hable con respecto, no mienta o que trate bien a los demás. Además, ese grito que le proferimos, esa promesa no cumplida se puede grabar para siempre en su memoria llegando a producirle, incluso, dolor.

A menudo los adultos no son conscientes de la influencia que tienen sobre los niños y, por tanto, no la aprovechan para ayudarles y guiarles en su difícil camino hacia la etapa adulta. No hay mejor manera de educar que predicar con el ejemplo, enseñarles a través de la propia conducta, cuidando la forma y el contenido. De poco sirven los consejos si no se acompaña con el ejemplo.

Método de crianza de “escucha activa”

La escucha activa es una forma respetuosa de dirigirse a los niños para que estos se sientan escuchados. Esta técnica de comunicación está  basada en el trabajo de los psicólogos Carl Rogers y Richard E. Farson en la década de los 50. Su premisa principal es que son los adultos los que deben ponerse a la altura del niño para intentar entenderle, y no al revés. Un niño menor de 12 años no entiende, ni tiene porqué entender, el mundo adulto; de hecho su mundo sensorial y perceptivo es distinto al de los mayores.

Este método se basa en ofrecer disponibilidad y mostrar interés por la persona que habla, no solo por sus palabras, sino también sus sentimientos, ideas o pensamientos y, a la vez, proporcionar un feedback (respuesta). La “escucha activa” reúne una serie de comportamientos y actitudes muy útiles y beneficiosos para de mejorar la relación padre/madre-hijo. Muchos padres, por ejemplo, se agachan al hablar con sus hijos, poniéndose a su altura y estableciendo contacto visual en todo momento para que éste sienta que lo que dice es importante. Además, esta técnica ayuda a entender mejor al pequeño, a empatizar con él, fortalece el vínculo padre/madre-hijo y le da confianza y autoestima.

Cabe matizar que este tipo de comunicación no está reñida con poner límites (tan necesarios) a los más pequeños, si puede tener incidencia en la manera en qué se ponen estos límites, que resulta igual de importante. No es sólo lo qué se dice si no cómo se dice. Por eso es tan importante hablarles desde el respeto y afecto y tratar de ponerse en su lugar, entendiendo además que su mente no es la nuestra, que su proceso madurativo está en formación y que las relaciones sociales y su comprensión es muy compleja.

*Foto de Stocksnap de www.pixabay.com

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